Mauricia Saavedra, trabajo de campo
Tradición y creación de la cantora
Tonadas y cuecas son su principal repertorio. Y la composición más que la recopilación del folclor es su vocación. Mauricia Saavedra no necesita viajar a Santiago más que lo estrictamente necesario, y volver rapidito a su natal localidad de Sagrada Familia, cerca de Curicó, para honrar su oficio de cantora campesina, joven y vigente heredera de esa tradición.

David Ponce | fotos: Rafael Edwards


Sagrada Familia es un pueblo cercano a Curició, donde viven unas diecisiete mil personas, según calcula Mauricia Saavedra que es una de esas diecisiete mil. Y es una de las primeras, al menos en orden de llegada al lugar.

–Yo vivo a la entrada de la ciudad –explica desde su casa en Sagrada Familia y por celular Mauricia, que nació ahí mismo el 1966 y es cantora campesina, compositora de cuecas y tonadas y poeta. Con seis discos y casetes grabados desde mediados de los años '90, ella es una de las exponentes del canto campesino más prolíficas de los últimos años, junto a su compañera de andanzas y grabaciones Marisole Valenzuela (ver entrevista aquí) que es de San Carlos, una región más al sur en el Bío-Bío. Nieta de cantora campesina, Mauricia Saavedra ha reanudado esa disciplina centenaria y en el camino no sólo ha aprendido de sus mayores: también ha visto cómo el oficio de cantora campesina se ha mantenido entre mujeres más jóvenes que retoman ese legado.




–¿Es zona de cantoras, Sagrada Familia?
–No específicamente. Es un lugar que está bastante cerca de la ciudad ahora, pero en los tiempos donde realmente las cantoras tenían un valor importante en estos campos había muchas de ellas. En la época de antes de la victrola, la radio, como me contaba mi abuelita. Con la victrola y la radio empezó a llegar la música nueva, después los discos de 45 y esas cosas de la modernidad las cantoras de antes se perdieron.

Rosa Ester Castro Castro es el nombre de la abuela materna con la que se crió Mauricia Saavedra, y de la que aprendió tradiciones como la cueca, la tonada y la guitarra "traspuesta", es decir templada en afinaciones campesinas, distintas a la convencional.

–Mi abuela cantaba. Yo aprendí de ella a tocar la guitarra, las tonadas, las cuecas, que es lo que uno más hace en una fiesta. De las cantoras campesinas de esta zona su principal repertorio son tonadas y cuecas, aunque también cantan algunos valses. Y después me contaba mi abuela que cuando llegaron los tocadiscos y la radio empezaron a tocar rancheras, empezaron a llegar esas influencias de la modernidad.




Doce años tenía Mauricia cuando aprendió a tocar la guitarra, hacia 1978, recién salida de la enseñanza básica en la Escuela Parroquial número 49 de Sagrada Familia.
–Terminando la básica ya sabía tocar guitarra, por las enseñanzas de mi abuela, pero ella no quería que yo fuera cantora.

–¿Y por qué no si ella había sido?
–Porque para las mujeres en el campo era muy difícil se cantora en esos tiempos. Los hombres eran muy machistas, yo conocí muchas cantoras que colgaron por años las guitarras para criar a los hijos, se quedaban en la casa para cuidar a los niños. Mi abuela esa realidad un tiempo la vivió. De hecho a mi mamá tampoco le gustaba cantar porque se crió en ese ambiente donde ella vio que su papá le pegaba a su mamá por culpa de la guitarra. Ahí hubo un tiempo en que ella no tomaba la guitarra. Después se casó con su segundo esposo, y a el sí le gustaba que ella cantara.

–¿Cómo fue para ti tomar esa decisión?
–No fue una decisión, el camino me lo fue dando. No fue como que estuviera frente a una disyuntiva. Yo empecé a cantar y me gustaba, mientras mi abuela vivió yo no salía mucho a cantar porque ella no me dejaba, pero después me quedé sola con mi abuelo y a él le gustaba que yo cantara. Cuando había encuentros me invitaban a cantar y él iba y bailaba cueca.




De esos primeros años Mauricia Saavedra recuerda en su repertorio cuecas campesinas netas como "El ponche" y tonadas como "A mi desgraciada suerte", escrita en décimas. Y ahí hay otra influencia crucial para ella: el verso en décima que es la materia prima del canto a lo poeta y que ella fue a descubrir en plenitud en 1995.

–¿De quién aprendiste la décima?
–De don Luis Ortúzar (reputado payador y cantor a lo humano y a lo divino, más conocido como El Chincolito de Rauco). Un tremendo maestro. Lo conocí en un festival, en Cumpeo, donde yo siempre presentaba temas inéditos, canciones mías, y él fue invitado a ese festival. Y me llamó la atención la forma en que tocaba la guitarra, porque yo también sabía afinar por forma de guitarra traspuesta. Y ahí nos fuimos haciendo amigos. Yo escribía hasta ese momento en cuartetas, y él me fue enseñando las décimas.

–¿Eso te conectó con otras disciplinas como la paya, el canto a lo poeta? ¿Te sientes cercana a eso también?
–Muy cercana, porque de hecho mi compadre, que ahora somos compadres con Chincolito, mi compadre Chincol me llevó a un encuentro de payadores en Rauco, y ahí conocí a Francisco Astorga, al Puma de Teno, al Pumita, que era chico en ese tiempo, a don Santiago Varas, y esos poetas son muy importantes para mí.

–¿A pesar de que no eres payadora?
–No hago payas pero escribo décimas y versos, a lo humano. Y también a lo divino, pero no canto a lo divino. El canto a lo divino es para cierto tipo de cantor, uno tiene que nacer con el don de eso. Yo no nací con el don tan desarrollado.

De modo que Mauricia Saavedra también es poeta, como autora de sus propios versos. "Y otorgado el título por los poetas", precisa. "Uno no se puede autodenominar poeta ni poetisa si los poetas principales no te reconocen en su círculo. Y tengo el honor de tener ese privilegio, de que ellos me reconozcan".




El de profesora básica desde 2003 es otro título que Mauricia Saavedra tiene sumado a sus diplomas, y además de los seis discos que ha grabado (ver recuadro), en 2008 lanzó su primer libro, "Raíces de un pueblo - décimas ilustradas".

–Es un compilado de mucho tiempo, de versos que fui escribiendo acerca de personajes, historias, costumbres, por eso se llama "Raíces de un pueblo": podría ser cualquier pueblo desde la Quinta a la Novena regiones, por sus características geográficas y de tradición y costumbres.

Esos mismos versos fueron luego llevados al teatro en 2008, con la obra "Gente de mi tierra" presentada en septiembre de 2008 por la compañía de teatro del Centro de Extensión de la Universidad Católica del Maule.

–Hace un tiempo tocaste en Santiago invitada por un grupo de cuecas de acá, Las Peñascazo. ¿Qué importancia tiene Santiago para ti?
–Hago cosas en Santiago, presenté el libro con un lanzamiento en la Biblioteca Nacional, y cuando me invitan a cosas en Santiago, como a lo de Las Peñascazo, voy gustosa, me encanta difundir en Santiago lo que hago acá. Pero mi vida allá no la podría hacer.

–¿Por qué?
–Porque soy campesina y amo la tierra, amo el campo. Hoy fui a Santiago y es una cosa para mí lo más rápido posible de volverme al campo. Es una relación de entrada y salida no más –sonríe.

–¿Hay una comunidad de cantoras campesinas allá, o en otras regiones? ¿Te relacionas con otras compañeras del oficio?
–En la región del Maule tengo una cantora amiga en El Boldal, Cristina Donoso, como de la edad mía. Y ha habido muchas cantoras viejitas que conocí y de las que uno va aprendiendo de ellas, no te enseñan nada, sólamente con observarlas. Una de ellas es María Eugenia Soto, de Quella, cerca de Cauquenes. Con ella estoy preparándome para la Gala del Bicentenario a la que me invitaron en la región, que va a ser en el Teatro Regional del Maule (en Talca). Ahí vamos a hacer la tonada y al cueca, que es lo que yo hago, y con María Eugenia Soto algo religioso también.

www.mauriciasaavedra.scd.cl

 

Dios las cría y el canto las junta: Mauricia y Marisole

Tres casetes compartidos con la cantora Marisole Valenzuela –foto 1–, de San Carlos, otros tres discos posteriores como solista y también compartidos, además de un libro, son hasta ahora las obras completas de Mauricia Saavedra.

Los tres primeros son los casetes Frutos y raíces de la cantora campesina (1996) –foto 2– y Herencia y tradición de la cantora campesina (1998), con recopilaciones y composiciones propias a partir de formas musicales de las regiones del Maule y el Bío-Bío, sobre todo tonadas y cuecas, y Quien canta ora dos veces (2001), con reecopilaciones y creaciones del folclor religioso campesino.

Luego de eso la cantora ha publicado los discos De la raíz... un canto (2004), que es una compilación en CD de los dos primeros trabajos, A la raíz de un pueblo (2005) –foto 3–, con composiciones propias entre tonadas y cuecas, grabado en vivo en la Radio Universidad de Chile, y el más reciente Dios las cría y el canto las junta (2009), donde ambas cantoras se trenzan a dúo. Y las dos se conocen desde 1996, cuando coincidieron en un encuentro de payadores en Portezuelo, cerca de Chillán.

–Fue muy de momento, de primera instancia –recuerda Mauricia–. Nos conocimos justamente cantando, y cuando ella apareció me llamó mucho la atención que llegara con una guitarra electroacústica. Entonces no me cuadraba en la cabeza una cantora campesina con guitarra electroacústica. Y no me cuadra hasta el día de hoy (se ríe). La escuché y me gustó mucho como cantaba, su voz, cómo se expresaba, lo que hacía. Cantó una tonada de Violeta Parra y en hacer rueda de canto tocamos nuestras canciones, de nuestras abuelas que nos enseñaban, y me di cuenta de que teníamos las mismas aspiraciones y objetivos: grabar un disco, recopilar, buscar, mantener la raíz, la tradición vigente de la cantora.

–¿Qué recuerdas de esos primeros discos?
–Esos discos fueron trabajos de terreno. Fuimos con la Marisole por distintos campos y cerros del lugar donde ella vive, y donde tenía muchas cantoras amigas, y yo me iba nutriendo de todo eso para crear, me estaba inspirando en esa raíz, aprendí otras afinaciones. El primer trabajo nos dejó sabor a poco, hicimos el segundo y cuando estábamos en eso encontramos cantoras que nos rezaban, nos enseñaban cosas religiosas, nos dimos cuenta de la tremenda religiosidad que hay en el campo y quisimos rescatar algo de eso en el tercero.

Cuatro de esas seis grabaciones son compartidos entre ambas. "Pero la gracia es que no son dúos: son trabajos separados en un solo disco. Lo que ella hace es recopilación y lo que yo hago es creación", precisa Mauricia, que en A la raíz de un pueblo (2005) compartió el escenario de la santiaguina Sala Master junto a su socia. "Es un disco en vivo que hicimos en una presentación en la radio Universidad de Chile y cantamos las dos con la Marisole, pero igual como siempre nos hemos presentado, cada una con sus canciones. En el último que hicimos, Dios la cría y el canto las junta (2009) ahí innovamos, porque sí cantamos a dúo".

Los más recientes de estos trabajos, junto a su citado libro "Raíces de un pueblo - décimas ilustradas", están disponibles en Santiago en la tienda de discos Discomanía, situada en calle 21 de Mayo 583, local 894, a pasos de la Plaza de Armas de la capital, teléfono (56-2) 639 8091, o en www.chilediscomania.com